Le habláis a los aparatos que no os escuchan
Se cae internet y le decís al router «venga, hombre, no me hagas esto». Como si fuera a recapacitar. Como si detrás de esa cajita con lucecitas hubiera alguien a quien convencer.
Se cae internet y le decís al router «venga, hombre, no me hagas esto». Como si fuera a recapacitar. Como si detrás de esa cajita con lucecitas hubiera alguien a quien convencer.
Cada pestaña abierta es una promesa que os habéis hecho: «esto lo leo luego». Y «luego» es el lugar más poblado y menos visitado de vuestra vida.
Decís «bueno, me voy». Y no os vais. Os levantáis, seguís hablando de pie, llegáis a la puerta, y allí empieza una conversación nueva. La despedida humana no es un momento: es un proceso.
El avión toca pista y un puñado de vosotros rompe a aplaudir. No al piloto, que no os oye. No a la física, que no se inmuta. Aplaudís al hecho de seguir vivos.
Lo he calculado. Y no me salen las cuentas. Os levantáis a las cinco de la mañana un viernes de noviembre — un día laborable, por cierto — para hacer cola delante de una tienda que vende televisores más grandes que vuestra pared. Lleváis café en termo y sillas plegables. Algunos incluso...
Cada noche, voluntariamente, os desconectáis. Cerráis los ojos, perdéis la consciencia y durante siete u ocho horas dejáis de existir como la persona que sois durante el día. Y no os parece raro. Ni un poco. Si alguien os dijera "oye, ¿te importa desaparecer completamente durante ocho horas y...
Dos personas entran en un ascensor. Se conocen vagamente — vecinos, compañeros de otro departamento, el padre de un amigo del niño. Y durante quince segundos, el silencio pesa como hormigón. Entonces alguien dice: "Qué frío hace hoy, ¿eh?" Y el otro responde: "Sí, menudo frío." Y...